Anoche tuve una sensación curiosa taconeando por estas nuestras amadas y a la vez odiadas calles de la capital del reino. Curiosa porque no me había pasado jamás. Me sentí absolutamente fuera de lugar, como un turista que visita la ciudad y no se sorprende, como si los lugares cotidianos y las gentes conocidas estuviesen muy muy muy lejos de mí.
También me pasó con la casa de mis pas, con la familia y con los amigos de la infancia. De repente no me pertenecían, o mejor dicho, yo no les pertenecía.
Pude haber pensado, guau, la libertad absoluta, no tengo que rendir cuentas a nadie, pero no, mi cabeza se fue por otros derroteros, se me arrimó la soledad; no la soledad de solitude, sino la soledad de loneliness. Puede ser que me pasara aquello de in my drink I was drowning my sorrows, but my sorrows learned to swim (juó, qué anglófila me he vuelto asín de repente).
Y recordé ya saliendo del metro mugriento, psicodélico, totalmente ajeno a mí, que mi almohada me dijo hace apenas tres días «Huye, Cal, ¡huye!»
You're not alone, darling.
ResponderEliminarLeer tu comentario me ha recordado esta canción. Thanks so much, dear.
ResponderEliminarPues es verdad. Y eso que no la conocía...
ResponderEliminarBig kiss!