Eso me pasó anoche mismo a mí, que, correteando ridículamente por un camino lleno de piedras absurdas, vi por un instante la imagen de alguien de quien siempre he huido, o al menos he tratado de huir. Sea como fuere, aquí estoy y no me gusta nada de nada. Es más detesto profundamente el modelo que me devolvió ayer el espejo.
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