28/3/05

Dudas existecio-laborales

Todos aquellos que me leéis habitualmente (gracias por ello) conoceréis el momento crítico en el que me hallo: se me acaba el contrato laboral este viernes. Mucha gente podría estar pensando ‘qué bien ahora unos mesecillos a cobrar el paro’ y ese tipo de cosas, pero yo ya estoy (llevo así al menos el último mes) un poco fastidiada y no sé qué hacer.

Prácticamente toda la vida me he querido dedicar a lo que estoy haciendo ahora salvo breves momentos de locura transitoria en los que mis vocaciones fueron desde ser astronauta a monja (mi familia es muuuy religiosa. He tenido cinco tías monjas y ahora sólo me queda una que no se haya divorciado de nuestro señor dios que, por cierto, vive en Francia. Mi tía. Dios ya sabéis que está en todas partes, que es omnipresente, coño). En fin también tuve una gran vocación para ser veterinaria (siempre he pensado que es mucho menos traumático que se te muera una oveja a que lo haga un ser humano), pero la Física de COU me abrió los ojos tras obtener puntuaciones tan bajas como 0,5 en Cinemática (que conste que es de las partes de la Física que más me gusta).

A lo que voy. Como os iba diciendo el viernes finaliza mi andadura en esta empresa. Por primera vez en mucho tiempo (casi 6 años) puedo decir que me he sentido como en casa. Somos sólo tres trabajando: mis dos directoras creativas y yo, que hago las veces de directora de arte, diseñadora gráfica y redactora. En seis meses puedo decir que ambas dos me han tratado a cuerpo de reina y que han sido las primeras que me han pagado un sueldo “digno” y me han hecho contrato laboral con pagas extra y vacaciones. Todo muy legal (cosa poco abundante en el sector en el que me muevo).

Pero –siempre hay algún pero- no me han dicho absolutamente nada de renovación o cese de contrato. Claro yo tampoco he abierto la boca. Y es que tengo auténtico pavor a expresar mis dudas laborales. Servilismo, tal vez (fui a un colegio de monjas, de nuevo hemos topado con el clero). Y NO SÉ QUÉ HACER. Sé que tarde o temprano tendré que enfrentarme a la dura realidad. Sé que llevo prácticamente un mes y medio tocándome las narices sin ningún nuevo proyecto (y esto siempre es un mal agüero), sé que con dos se sobran y se bastan para sacar adelante los encargos de la clientela.

Mi paquete me dice que el hecho de decirlo denota profesionalidad por mi parte. Pero es que para tres cochinos días que me quedan, igual mejor no decir nada y despedirme con un flemático adiós el viernes (ha sido un placer, ya sabéis donde estoy, si algún día necesitáis de alguien aunque sea en plan freelance, Calamity deja de lamer el culo)…

Vamos que estoy harta de tener que ponerme a buscar por enésima vez trabajo. No me apetece nada de nada tener que hacer de nuevo el currículum, no me apetece descolgar el teléfono y tener que suplicar una mísera visita pseudoentrevista, no me apetece lo más mínimo tenerme que ‘vestir de traje’ e ir a presentar mi carpeta (los trabajos y/o proyectos gráficos que he ido haciendo) a un tipo que sé de antemano que no va a opinar con sinceridad arguyendo: “no necesitamos gente en este momento”. Ay que no puedo más. Que no sé qué hacer. Que sigo como vaca sin cencerro.