8/1/15

 


(Apenas tengo tiempo -y espacio- para escribir cuatro palabras, pero tampoco puedo dejar de hacerlo.)

En este primer mundo nuestro damos por sentadas muchas cosas. Que no hay esclavitud, que podemos votar cada equis tiempo, que las mujeres gozan de -cierta- igualdad, que los niños estudian y juegan...

También damos por hecho que tenemos libertad de expresión y, al igual que los derechos enumerados un poco más arriba, solemos creer que nos vienen dados así porque sí. Hemos perdido la perspectiva histórica de los mismos y ya no recordamos que los que los consiguieron para nosotros derramaron sangre, sudor y lágrimas en su gesta.

Lo que ha pasado ayer en la redacción parisina de Charlie Hebdo es tristísimo. Lejos de amilanarnos, este deplorable atentado terrorista tiene que servirnos como revulsivo (que parece que estamos apollardados, ¡jo**er!) para no quedarnos en nuestros confortables hoyos vitales y seguir luchando por conservar nuestras libertades y brindárselas a los que aún no las tienen.

1/1/15

Propuestas musicales XLIX. 
It's been a hard day's night.

Año Nuevo siempre fue uno de mis días favoritos. Era, por decirlo de alguna manera, el día de la Libertad. Nadie subía a despertarte para comer a la hora estipulada. Te solías levantar a las tantísimas -casi ya de noche- empachado y resacoso, con el rimmel esparcido por toda tu cara y los pelos de Robert Smith surgidos de manera espontánea. En la mesa de la cocina había una especie de batiburrillo de platos colocados de forma anárquica (ahora a eso se le llama lunch) de los que ibas cogiendo al azar comida, sin demasiada gana, la verdad.

El salón estaba copado de gente en pijama o en bata mirando en semi coma la tele que reprogramaba los programas de Nochevieja o en su defecto una peli género Sobremesa en Antena 3. A veces la mirada perdida atinaba en la bandeja de polvorones y mantecados asaltada unas horas antes. Las botellas de agua se iban apilando en la puerta esperando su viaje hacia la basura.

Era un día maravilloso, aunque ni qué decir tiene que la maravilla del mismo se gestaba en la noche anterior.

Durante unos cuantos años mis amigos y yo celebramos el cotillón en mi apartamento, un gallinero venido a chamizo en el que mi santo padre armó un labo fotográfico para que de una vez por todas les dejara el cuarto de baño libre y así no tener que ir al de la vecina en caso de urgencia de aguas. Las fiestas eran una auténtica locura en la que, cual fuente de maná, jamás se terminaban las chuches, los hielos, el alcohol, los refrescos y los etcétera. Al principio los dj's ad hoc nos pisábamos para ir pinchando cada uno sus temas favoritos.

Sabíamos que nos teníamos que ir de bares cuando de un disco sonaban tres canciones seguidas sin que alguien fuera a cambiarle. Entonces comenzaba la peregrinación hacia el downtown del pueblo previo paso por el cuarto de baño que antaño fue labo fotográfico.



Recuerdo varias canciones, pero ésta, para mí y sin lugar a dudas, anunciaba el Año Nuevo.

31/12/14

2014

28/12/14

Diálogos con la almohada XI 
Desierto.

Mi almohada, tras un insistente sonsonete por mi parte acerca de querer estar apartada del mundanal ruido, acabó diciéndome que tenía razón, que hiciese lo que me diera la real gana con las fiestas.

Tras el mono del primer día sin teléfonos, sin telediarios, sin agregadores de links, sin apenas salir de la minimansión,... empecé a encontrarme un poco mejor. A ratos he notado algo parecido a lo que debe ser sentirse libre sin necesidad de ningún estímulo externo.

A mis familiares les ha costado entender que no ocupara una silla en alguna mesa navideña. Obviamente es difícil escapar de la vertiente social del ser humano y algo he tenido que dejarme ver a mi pesar y por mor (sobre todo) de ser la compañera de. Sospecho que es complicado asimilar una cuaresma en el desierto si no eres alguien parecido a Jesucristo, el excéntrico hijo de Dios que gritaba a los mercaderes en los templos.

Y confieso que me gustaría seguir así hasta que el desasosiego que me produce encender el móvil, la radio, chequear el contestador, las redes sociales, pasear por el centro, las tareas de la Uni o no hacer lo obligatorio desaparecieran.

19/12/14

Noches de Sábado.

Antes, cuando no había Internet ni redes sociales, pasábamos muchas tardes todos juntos en el salón jugando. El rey indiscutible era el Parchís. De vez en cuando innovábamos y se habría la caja de algún juego de mesa. No estaba entre mis favoritos, pero Situación Límite molaba, sobre todo cuando participaban los adultos. Me encantaba oír respuestas por boca de mis tíos e incluso mis padres que jamás hubiera imaginado.

Claro, claro. Es que es Sábado por la noche y esta mujer no perdona uno. Querrá irse a bailar con mi padre, supongo.

Mi vida no es ni de lejos una comedia, tampoco una peli de Almodóvar (me faltan los chaneles, los pradas y el trash glitter), pero supongo que mis entrañas me pedían soltar esa frase cuando la médico entró apurada tras la carrera detrás mía para confirmar la inminente muerte de Momi en la habitación del hospital.
Me hubiera encantado ser creyente y pensar que sí, que aquella frase tan osada describía una realidad factible, que en el cielo estaba mi padre de traje, pero sin corbata, esperando la llegada de mi madre, con la manicura y el tinte de pelo perfectos, para irse a pasar la noche por allí, riendo, bebiendo y bailando sin parar en una velada de Sábado infinita.