27/9/14

24/9/14

Diálogos con la almohada X

Me ha dicho mi almohada que ya podemos ir pensando en el adiós. Las despedidas son amargas, pero esta va a tener un punto de dulzor. Desprenderme del mullido cojín que ha soportado mis neuras durante años supone que podría puedo volar sola, que soy yo quien sostiene las riendas del caballo sobre el que cabalga mi demonio interno, una especie de dios Jano con las máscaras de la Tragedia y la Comedia en sendas caras.

La cosa no va a ser a la francesa sino que hemos pautado una serie de diálogos en los que iremos separándonos poco a poco. Cinco para ser exactos.

Hace unos días escuchaba una conversación sobre la veleidad de los tratamientos psicológicos. Las múltiples recaídas, las idas y venidas a centros de salud con la desesperanza impresa en la cara, los disgustos, el cansancio también me han hecho desconfiar infinitud de veces en la Psicología.

Hoy -ahora- puedo afirmar que es posible que funcione. Pero no se trata de tomar una pastilla con el café del desayuno y esperar a que tenga efecto. El camino es duro. La mayoría de las veces significa mirarse en el espejo y encontrarse con alguien al que no reconocemos y que no nos gusta un pelo, que nos da asco incluso. Se trata de discernir cuándo ese ser despreciable es el que esta conduciendo y por supuesto se trata de quitarle el volante antes de que se estrelle contra la mediana.

21/9/14

Afrancesada.

De niña la familia paterna, también mi ex abuela, me apodaban "la francesa". Mi aspecto, con un pelo del color de la canela en rama entonces, y el hecho de no conocer a ciencia cierta mi origen biológico, les daba pie a ello.

Siendo estudiante la Revolución Francesa de 1789 se topó conmigo y empecé a leer lo que habían escrito sus propulsores y acólitos dos siglos antes, cortando cabezas reales con una mano mientras ceñían la pluma y el tintero con la otra.

Cuando comencé a viajar por el extranjero, pasada la veintena, los turcos se dirigían a mí en la lengua de Flaubert. En esos días el color de mi pelo ya se manifestaba ceniciento y oscuro, al margen de que era imposible que aquellos señores de poblado mostacho conocieran los periplos de mis no raíces.

París no me mata, como Estambul, Roma, incluso Londres, pero reconozco que allí siempre me he sentido como en casa y desconozco porqué.

Imitando a Martin Parr.
¿Qué tendrá la Venus de Milo para montar semejante revuelo?
Al atardecer, mi barrio.
Al amanecer, desde la ventana de mi casa.
Weird World. Esto es carne de cañón para el otro blog, el que me va a sacar de pobre. 
Basílica de San Denís. Más madera para ¡La Muerte os sienta tan bien!
No puedo resistirme a un avance de San Denís. Con todos ustedes, las lolas de María Antonieta, la única carne marmórea turgente que van a encontrar en aquel panteón.
Mapplethorpe y Rodin. ¿Puede existir algo mejor emparejado?
Moi practicando dibujo para el examen del lunes (y luego fui incapaz de encajar un torso corriente y moliente, hay que joderse).
Les Halles, al lado de San Eustaquio. Cada vez introduzco más gente anónima en las fotografías. Me siento con un pie en la Magnum. XD XD XD

15/9/14

Las preocupaciones de una púber de mediana edad.

Mañana tengo un (tres) examen(es). Y aquí me tienen perdiendo el tiempo, porque como buena adolescente lo he dejado todo para el último día, vamos, que no he estudiado nada, he dibujado poco y he practicado menos. Suele pasar: cuando más me apetece planchar es cuando tengo un plazo de entrega de cualesquiera cosa apurado-apurado.

Tengo una buena excusa para mi irresponsabilidad y es que pensaba que catorce años de carrera profesional y una nota envidiable en la selectividad del 1993 (glups), me iban a asegurar un acceso directo a la Uni. En cualquier caso, el día que me preinscribí, hice acopio de unos buenos apuntes de Historia del Arte por si acaso.

Hoy les estoy repasando y me estoy dando cuenta que son poco más o menos como el libro para sacarse el carné de conducir, es decir, que lejos de cultivarse en Arte, lo que se estudia es cómo sacar una nota decente en las pruebas de acceso a la Universidad, de la misma forma que cuando vas a la autoescuela aprendes a aprobar el teórico y el práctico, pero no a conducir.

Me consuela que mis dos últimas tardes a la carrera -de no ser así, no sería yo- por las galerías del Louvre (buscando como una loca el Escriba sin saber que era materia de examen) y Orsay (aquí El almuerzo sobre la hierba que no encontré, sniff) leyendo cartelas de distintas piezas, me van a iluminar más que toda la matraca de pedeefes que memorice hoy.

Eso espero.

11/9/14

París, je t'aime, mais pais beaucoup.

La primera vez que fuimos a París nos acabaron echando de Versalles. El Sol se estaba ocultando por el horizonte, formando un reflejo largo y amorfo en el Gran Canal, y no nos queríamos ir sin disfrutarlo. Habían anunciado varias veces por megafonía el cierre del palacio. Ya no quedaba nadie en los jardines; intuí que tampoco en los edificios. Pero allí estábamos nosotros, sentados, felices... hasta que llegó el guarda farfullando qué sé yo en francés.

A la salida nos dimos cuenta de que la Luna había saltado por las verjas provocando, restándole protagonismo al moribundo día. Frenamos en seco y puse mi típica carita de cordero degollado cámara en ristre. El guarda depuso su empeño en la expulsión y nos dejó a solas mientras se iba hacia la garita retalando no sé qué en francés.


Morfeo se ha olvidado esta noche de mí. En apenas cinco horas cojo un vuelo a París y estoy nerviosa. Va a ser la primera vez en mi vida que turisteé sola, que me pierda a posta por las calles en silencio, sin prisas, saboreando una forma de vida a la que no estoy acostumbrada.