20/05/13

Propuestas musicales XXXVI. 
Alergia.

Nunca he sido especialmente alérgica. Al parecer de bebé casi la palmo a cuenta de una flor. Realmente fue una meningitis (nunca he entendido las fabulaciones de mis padres al respecto). Soy alérgica al níquel, eso sí. Tal vez sea la razón por la cual el dinero se me escapa de las manos.

Pero este año no sé qué me está pasando que como salga sin el moquero a la calle voy apañada. Mi naricita se humedece como el hocico de un chucho cada dos por tres. He tenido que hacer acopio de rimmel waterproof porque a veces lloro (así, sin razón aparente) más que cuando veo Los Puentes de Madison. Por cierto, mola estornudar cinco veces seguidas; sientes tus pulmones como, no sé, ¿ligeros? (y la garganta igual que un Scotch-Brite)

Ayer estuve en el Real Jardín Botánico de Madrid dando un paseo, viendo la exposición de orquídeas. Hacía unos siete años que no iba. No es que no me guste perderme en ese remanso de paz en medio de la capital del reino, es que salgo verde cual potho de envidia. La cantidad de hectáreas frente a mis escasos diez metros cuadrados de terraza, las secuoyas, los arces, las peonías, las rosas, las nephetes de la estufa fría, los bonsáis de Felipe González... Qué injusto es el mundo. ;-P

Poco después de que el guarda me tuviera que echar amablemente alegando que cerraban el recinto, pude comprobar que el waterproof no funciona tan bien como nos quieren hacer ver, que los vendedores de pañuelos de papel nunca están cuando se les necesita, que los caramelos Halls no tienen poder balsámico y que yo soy masoquista por pasarme cuatro horas entre plantas rebosantes de lujuria polinizadora.



Ténganme un feliz comienzo de semana, bloggers.
Calamidad (andante).

14/05/13

Después de acabar con la mayoría de la vida planetaria, la Tierra seguirá aquí.

Miren. Mejor dicho, observen:


Es la Tierra fotografiada por los astronautas del Apollo 8 cuando regresaban al planeta, desde unos treinta mil kilómetros de distancia. Es una imagen que les costará ver porque el globo terráqueo está al revés. Es decir, el trocito de tierra que se vislumbra arriba es Sudáfrica, mientras que el de abajo a la izquierda es parte de América. En el espacio los conceptos de arriba y abajo no existen (¡Pobre Coco!).

Les pido que la observen bien porque esta bolita azul que pende de la nada en la vastísima inmensidad de nuestro Universo es especial. Por ahora es el único cuerpo celeste en el que conocemos que existe vida. Por ahora también es el único habitable para la inmensa mayoría de las especies vivas que lo pueblan.

Los científicos dicen que la vida terráquea es inteligente, además... Permítanme que dude lo de la inteligencia porque nos estamos cargando a esta preciosa bolita azul. Hemos alcanzado la cifra de 400 ppm (partes por millón) de dióxido carbónico vertido a la atmósfera esta semana. Ese número supone la barrera tras la cual se provocará una subida de 2ºC en la temperatura general del planeta, aunque los científicos la sitúan en los 350 ppm. Esa cantidad supone la extinción de millones y millones de especies en un breve periodo de tiempo. Entre ellos nosotros.

Desde mi punto de vista, la noticia es muchísimo más importante y catastrófica que el derrumbe de Lehman Brothers en 2008. Por desgracia no veremos a ningún político rasgándose las vestiduras ni haciendo nada para empezar a enmendar tal desaguisado. Eso por desgracia no me sorprende: a esa calaña solo le interesa el dinero y no ven más allá del corto plazo que se sucede entre comicio y comicio. Lo que verdaderamente me alucina es ver que nosotros, desde nuestra pequeña parcela, tampoco hacemos ¡nada! Ô_Ô

Me quedo sorprendida con las luces encendidas noche y día, aires acondicionados y/o calefacción a toda pastilla, desplazamientos en coche hasta para ir a por el pan, grifos abiertos durante minutos, televisores y pantallas que no se apagan nunca, cargadores de móviles, tablets y ordenadores siempre enchufados, riegos de céspedes al mediodía, consumo desaforado, mezcla de basuras, desperdicio salvaje de alimentos...

Por lo visto nos hemos creído que lo que nos rodea, nuestra forma de vivir, es natural y por derecho, ¡que el planeta nos pertenece! Y, miren, no; no es ni natural y mucho menos por derecho. Y la Tierra no nos pertenece. Esta frase esta más manida que ni sé, pero se ajusta a la perfección al momento: la Tierra es heredada de las generaciones pasadas y es la herencia que le vamos a dejar a nuestros hijos (menudo panorama).

En realidad el verdadero problema del cambio climático no es para esa bolita azul fotografiada aquí arriba. Ella seguirá girando sobre su eje alrededor del Sol cuando nosotros ya nos estemos aquí. El problema es nuestro como especie. Somos nosotros los que desapareceremos arrastrando a miles de especies a la extinción. Somos como un virus. Peor, como una bacteria que se cree viviendo en simbiosis con el cuerpo que habita. ¿Inteligentes? Sí, muy inteligentes.

PD. Les pongo un par de links más científicos sobre la noticia: 12.

09/05/13

El placer de quedarse en casa.

Todavía estoy en proceso de recuperación. No, no he estado enferma, salvo que una resaca de patxarán se considere dolencia. He estado de viaje. Una excursión de estas que me fascinan, de las que no están preparadas, que surgen de la nada, de las que te pillan con escaso avituallamiento de ropa interior.

Sí, ya sé que esto es Gótico.
Quizá haya sido una experiencia tan agradable porque, al tener que abandonar la capital del reino a la hora en la que las calles están puestas para volver a la minimansión y no para salir de ella, iba de uñas y no esperaba nada interesante del finde. Era un compromiso más que cumplir.

Lo que realmente deseaba era quedarme en casa. Me apetecía estar en la nave nodriza, estar quietecita un tiempo, que me muevo más que un púlsar, cullons (no hace ni dos semanas que estuve vagabundeando por ahí). Antes de salir ya estaba añorando el mullido sofá confeccionado con piel y plumas que decora el salón.

¿Por qué hay que por necesidad irse fuera, visitar mil sitios, bañarse en la playa, subir un pico, montar en globo o hacer puenting para pasárselo bien? ¿Qué es lo que hay que demostrar con ello?

Creo que es el momento de, simplemente, acurrucarse en el día a día, sin huidas con fecha de vuelta, y sentirse (sentirme) tan campante. Tal vez ese sea el (mi) auténtico viaje. Porque piensen (pienso)... ¿cuánto hace que no disfrutan (disfruto) de la cotidianidad? ¿cuánto hace que no hacen (hago) nada?

26/04/13

No. No se la pierdan.

Este año me venía sintiendo un poco defraudada con el cine que he ido a ver. No es fácil contentarme, lo sé. Ni Soderbergh lo ha conseguido, y eso que caí como una inocente en la tela de araña de su último filme (Efectos Secundarios).

He visto, estimo, casi todas las películas sobre publicistas y periodistas que nos ha brindado el Séptimo Arte. Incluso soy una yonqui de Mad Men, tan real y a la par tan irreal con el fenómeno publicitario. Me intrigaba ver No, película chilena dirigida por Pablo Larraín, que optó a la categoría de habla no inglesa en los pasados Oscars. Aunque no por los Oscars, sino por el entresijo publicitario que supuso la campaña que apoyaba el "no" en el plebiscito de 1988 para la continuación de Pinochet como "jefe de gobierno" en Chile.

Desde aquí se lo digo. Hoy por hoy no he visto largometraje más realista sobre las agencias de publicidad. Sí que es cierto que falta el componente de cuchillo en la espalda y que eso de ganar mucha pasta se quedó en los ochenta, pero lo que es el proceso creativo, solo tengo una palabra para describirlo: chapeau!

Salí hasta agotada del patio de butacas, oigan. No se imaginan -salvo que trabajen en el sector- lo que supone (re)llenar quince minutos diarios de televisión con una campaña política. Si además ésta es verdaderamente creativa, arriesgada, fresca, ingeniosa y sorprendente, ufff, ¡qué currelo! Supongo que los protagonistas en la vida real (porque es, a grandes rasgos, una historia basada en la historia real) no probaron mejor dieta de adelgazamiento en su vida.

A nivel fílmico solo una objeción. Si bien gran parte del material publicitario es el original utilizado en los años ochenta y muchas escenas están construidas con grabaciones de la época, el uso y abuso de reventados, de faltas de racor, de fallos en la iluminación y el enfoque, ese tufillo low cost, me parece excesivo, incluso cansino. La película documental española Las Cajas Españolas de Alberto Porlan también parte de esta premisa y -creo, con total humildad- agota menos visualmente hablando.

Un diez para la interpretación del enigmático René Saavedra por parte de Gael García Bernal. Otro diez para la directora de arte Estefanía Larraín (no me imagino la cantidad de tiendas vintage que habrán tenido que recorrer). Y para el guión, adaptado de la obra de teatro de Antonio Skármeta El Plebiscito.

Ya tienen un mini plan para este fin de semana y, además, seanme pecaminosamente felices.
C.

24/04/13

Los puentes de la A67.

Este finde tenía un dilema. Una tontería: ni quería irme a mi pueblo (abrumada por la toma de decisiones difíciles), ni quería quedarme en la capital del reino (condenada a la más absoluta de las soledades). Tampoco tenía dinero para, no sé, pasar un día por ahí perdida (aquí, sí, con la búsqueda de la soledad a posta). Así que retomé una antigua afición: coger el coche huyendo de la grande babilón hacia mi pequeña villa norteña perdiéndome por las carreteras secundarias de la piel de toro. Un traslado de tres horas que se convirtió en un viaje de más de siete. Fuimos a parar al Museo Nacional de Escultura. Les aconsejo la visita aunque no sea más que por ella.

El rodeo hizo que, en vez de surcar el asfalto de la A1, tuviera que tomar la A67 para llegar a la meta y ese trayecto, con mis montañucas como telón de fondo allá, a lo lejos, me hizo recordar las excursiones que nos marcábamos mi madre y yo la temporada que estuve viviendo con ella y el señor alemán.

Llega un momento en el transcurso de la enfermedad que, de puro avanzada, la persona no se puede quedar sola con Herr Alzheimer. No es coña: trabajando para un periódico, me la llevé más de dos veces a cubrir una noticia. Trataba que fueran eventos culturales para que ella se divirtiera. No me la imagino en un pleno municipal diciéndome cada dos por tres Calamidad, ¿cuándo nos vamos?

Un día me tocó ir a la capital de provincias para recoger un diploma. Encontré babysitter allí, así que se vino de paseo conmigo cambiándole el coñazo corporativo del acto oficial por un recorrido calle Mayor arriba calle Mayor abajo mirando escaparates.

De vuelta, contentas las dos -ella con una nueva camisa y yo con un papelajo inútil más-, le notaba que, cada vez que cruzábamos por debajo de un puente, agachaba levemente la cabeza mientras se protegía con las manos. La miré un par de veces y me reí, ¿qué pasa momi? Lo que pasaba era algo tan peregrino como que tenía miedo de darse un golpe en la frente con las traviesas de la autovía. Al segundo mi risa y su temor se convirtieron en una sonora carcajada.

Con la alegría dibujada en nuestras caras proseguimos por la A67, con Gainsbourg pinchado a modo de karaoke, bajando levemente la mocha cada vez que un desvío pasaba por encima de la carretera, hasta que un castillo apareció majestuoso sobre un otero señalándonos el fin de nuestra ruta.

Casi igual que el viernes pasado.