Dos alemanes, un francés y una española hablando en inglés en una taberna madrileña. Parece un chiste, pero no, era el grupo que conformábamos estas dos últimas noches mis -por poco tiempo, que yo no soy ingeniera- colegas de profesión y yo.
Algo vamos a tener que hacer con la fama de las Madrilian Nights porque hoy estoy hecha unos zorros. Les cuento.
¿Ustedes qué creen que hacen los yanquis para divertirse? Ir a un centro comercial a las afueras de sus villages. ¿Y un alemán? Pues ponerse ciego de cerveza en el Oktober Festival de Múnich. ¿Un inglés? Tomar té a las cinco. ¿Un ruso? Beber vodka desde las diez de la mañana. ¿Y un español? Pues ¡claro! ir a un tablao flamenco porque en este país nuestro las chicas vamos vestidas de faralaes y los chicos de toreros. Es obvio, normal e incluso ¡natural!
No me digan de qué manera acabamos a mitad de la noche sumergidos en esa España Cañí de tercera regional que yo no había visto jamás, pero ahí estábamos franceses, alemanes, española y una cohorte de americanos que solo pensaban -perdonen la soez- cómo meter su rabo entre mis piernas. Todos hombres menos yo y las bailaoras.
Realmente sí sé cómo acabamos allí... Los que me siguen desde que empecé este periplo en la blogocosa tal vez se acuerdan de ese pequeño percance que tuvimos hace seis años en plena Castellana, con el Real Madrid jugando en el Bernabeu... Mi niño bonito de la ofi, Stephen, estaba de nuevo por Madrid. Ahora ya no es un niño y se ha casado y viste traje con chaqueta cruzada azul marino, pero en esencia sigue siendo él y tan es así que al llamarle por teléfono para quedar, nos le encontramos en el tablao.
La noche no dejó de ser un viaje de excentricidad en excentricidad, lo que suelo denominar un Momento Pulp Fiction, que no sabes muy bien por dónde va a tirar el tema... Después de taconear de lo lindo, vagamos por los bares que encontrábamos abiertos el miércoles hasta cerrarles absolutamente todos.
¡Ah, todos no! ¿Cuáles son los sitios que continúan abiertos cuando pubs, bares y discos están cerrados? Sí, el tanatorio de la M-30 y los night clubs. ¿Dónde creen ustedes que dirigimos nuestros pasos? ¿Les destrozo el final de la película o nos quedamos con uno abierto, como tantos y tantos directores de cine hacen actualmente...? ;-)
Pásenme un fin de semana genial. Sean pecaminosamente felices.
Cal.
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El final no es tan abierto, no. Si hubiera sido al tanatorio seguro que nos hubieras contado quién la palmó. De modo que queda una única opción, o ninguna.
ResponderEliminarBesos.
¡Qué astuto eres neoGurb! Ya te contaré el final el día que nos veamos la Baronesa, tú y yo. ;-PPPPP
ResponderEliminar¡Feliz finde! Yo estoy que no paro. Me acaban de invitar a una cena, madre. A ver cómo terminamos...