15/8/21

Torres de Marfil

No es la primera vez, e intuyo que no será la última, que hable en este blog del lugar en el mundo y de vacaciones.

Estoy de vacaciones. Se notará algo, digo yo, en la frecuencia de publicación, aunque estoy escribiendo, como cuando no estoy de vacaciones, por la noche, restando horas de sueño a mi factura de descanso.

Este año de verdad que necesitaba descansar. Contemplar a mi niña. Perder el tiempo a sabiendas. Está siendo un año especialmente duro finiquitado por una mudanza desastrosa.

Tenía ganas de pueblo, de amigos, de familia, de arropamiento. La sensación de llegar a un lugar con las cosas en orden, la sensación de despreocuparse un poco.

En un capítulo de Homeland los personajes llegan a una cabaña en medio de la nada, una segunda residencia, en la que incluso hay una bandeja poblada de apetitosas frutas. Esa imagen es mentira. Supongo que es menos interesante para el espectador ver cómo la pareja tiene que acondicionar la cabaña que mirar cómo retozan en una cama de sábanas blancas.

De las dos semanas que llevo por ahí no he dejado de hacer recados, reparar cosas, estar pendiente. Apenas he leído dos capítulos de los libros que he traído (y me siento afortunada). No puedo negar que he salido dos veces con mis amistades y que hacer la comida no me entretiene tanto estos días. Aunque sigo estresadísima y muy cansada.

Ojalá pudiera encontrar un sitio al que poder regresar para no hacer nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario