28/11/11

¡Malditos bastardos!

Me considero una tipa agradable. Oigan, que entro en un establecimiento y saludo en plan hola, buenos días, buenas tardes... además voy con una sonrisa de oreja a oreja que hará pensar a más de uno que me falta un hervor. Lo mismo con los taxistas, por ejemplo, ese colectivo al que no tengo especial cariño, pero aún así, reconociendo que son unos fuleros conduciendo, amos del asfalto, les trato como a las propias rosas cuando me monto en uno de sus carros, cosa que sucede pocas veces gracias a mi decrepitud económica de los últimos meses.

Pero cuando me tocan las narices, me las tocan bien (entre otras cosas porque son grandes) y saco el pequeño demonio que llevo dentro...

¡Si hasta me han entrado ganas de dibujar de nuevo!

Es que hoy, queridos lectores, me he tenido que enfrentar a:
a) Telefónica, ahora Movistar.
b) La Caixa
c) BSCH, aka el banco de Botín.

Los de Timofónica de lo malo malo se han portado hasta bien conmigo. He negociado la deuda que tengo con ellos (dos días de negociaciones, ¡guau!) y la puedo pagar en tres cómodos plazos. Eso sí con un tanto por ciento de intereses que ya les gustaría a los que nos compran deuda soberana en el extranjero.

Voy a La Caixa, mi banco de siempre. Meto mi cartilla en el cajero -para no dar qué hacer a los ocupadísimos señores de la caja- y ¡zas! me la traga. Vaaale, no pasa naaada. Entro a la sucursal:
- ¡Hola! Vuestro cajero me ha tragado la libreta. :-)

El pibe marcha con las llaves hacia unas portachonas de metal, las abre y me dice: pues aquí no está, a ver ¿cómo has hecho en el cajero? Les juro que ya me empecé a encender y le solté un amabilísimo (en serio, fue amabilísimo) a ver si se va a creer usted que soy boba y no sé meter una libreta en una ranura. El hombre reculó un poco, pero le tuve que hacer la demostración.

En fin, no les voy a contar todo el tinglado de datos, dé ene is, firmas y demás peripecias que tuve que realizar para salir sin mi meta principal: pagar la deuda de Timofónica.

Llamo al 1004. Diez minutos de charleta con una máquina que tiene la misma voz que una tía que ha estado chupando pollas toda la noche. Bien: consigo un número de cuenta en el que hacer un ingreso. ¡Fíu!

Me encamino entonces (algo más ca-len-ti-ta) hacia el BSCH, sí, ese banco que se anuncia en plan "queremos ser tu banco" a lo que yo contesto ¡dios me libre! Hago cola y con mi sempiterna sonrisa le digo al señor de la caja lo que tengo que hacer. Respuesta: no se puede. Ô_Ô Vamos a ver, estoy dándole un número de cuenta, un nombre, un dé ene i, un número de teléfono, la contemplación de mi escote, etcétera y me dice usted que no se puede hacer la transferencia. ¡Cojonudo!
- Mire, es que si no ingreso la cantidad me cortan el teléfono y le necesito (porque me llaman para posibles entrevistas y es el único contacto que puedo tener con mi momi, bla, bla, bla, no se lo dije, pero lo pensé en mi foro interno).

El muy inepto me saca una peana con un exiguo horario que es Martes y Jueves de nueve a once en el cual se puede hacer una transferencia (que no va a ser gratis, of course). ¿¡¡¡PERDÓN!!!? Insistí un pelín más a ver si me hacía la transferencia, pero nada.

No se alarmen, no, que vengo suave como un guante, feliz, contenta, como cuando estás estreñido y al final consigues sentarte en el wáter un buen rato para obtener el ansiado alivio. Ni corta ni perezosa, con mi sonrisa llena de dientes le solté al palurdo esta frase y me quedé muuuy muy a gusto:
- Sois todos unos cabrones, vagos indecentes que además estáis sobreviviendo gracias al dinero de gente como yo y todos estos señores y señoras que tengo haciendo cola detrás de mí. Que os den por culo a ti, a tu banco, a tu jefe y al sistema financiero en general. ¡Buenos días!

Qué liviana me siento, se lo prometo, como una hojilla cayendo de los árboles en Otoño.

5 comentarios:

  1. Pues date por contenta, sí. Porque en mi caso lo normal es pensar al cabo de diez minutos que les tenía que haber dicho "sois todos unos cabrones, vagos indecentes..."

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  2. ¡Joder, qué heavy!
    Pues debiste de quedarte bien, sí.

    Aunque (angelito en tu hombre) a lo mejor el tipo, aun siendo desagradable, en realidad no podia hacer nada por ti contra las normas.

    Un besazo, Cal.

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  3. Pues mi padre ha trabajado toda la vida de cajero en el BSCH. Con el carácter que tiene el hombre, ni te cuento lo que te habría pasado si le llegas a soltar todo eso a él. Vamos, que no lo escribías, jojojo...

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  4. Uy, neoGurb, es que venía ya rebotada de otro sitio y había llamado a Telefónica, vamos, har-ti-ta que estaba cuando entré al BSCH, mpfffff. Últimamente estoy diciendo las cosas tal y como las siento (más o menos) y oyessss, me siento mucho mejor. Sin ir más lejos hoy a la hora de aparcar el coche en la zona azul, petada, le dije a un chico amablemente que si podía juntar un poco más el coche para poderlo meter y me dijo que ¡no! Luego nos encontramos para sacar el ticket y me pregunta ¡cretino! si he conseguido aparcar y yo le contesté no habrá sido gracias a ti, majo. Más ancha que larga.

    Ay, Porto, feliz como una perdiz. Sí, yo también pensé que él era fruto de este mundo ridículo, pero me hervía la sangre en ese momento. Pobre hombre, con la cara de amargado que tenía... Lo que pasa es que ya estoy un poco hasta las cejas de ceder por el resto de la humanidad. Me estoy volviendo M A L A, muajajajajaja (ay, qué inocente soy, virgen).

    Oyesss, Eulez, que somos vecinos... Igual era tu padre (espero que no, joer, cara vinagre tenía el tío). He trabajado muchos años de cara al público y comprendo que a veces estás hasta las narices de todo y de todos, y también tienes días malos en los que lo único que quieres es sujetar tu vela, pero, no sé, es que ¡fue tan desagradable!

    Besos para los tres.
    Cal endemoniada, je, je, je.

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