Tengo un amigo de la Facul (de la primera facul), un gran y (merecidísimo) famoso ilustrador, que para desestresarse del ritmo frenético de trabajo que lleva, dibuja. Sus ilustraciones de relax son reflejo de su personal estilo. No es que, qué sé yo, se ponga a hacer dibujo del natural, simplemente se deja llevar y le sale lo que le sale, que nunca es malo, se lo aseguro.
En el último año y medio solo he hecho dos cosas, si exceptuamos cuidar y enterrar a mi momi, que, joé, lo que cuesta morirse y dar fe de ello a las autoridades, pero esto mejor para otro post. Pues eso, que solo he hecho dos cosas: diseñar y redactar sobre lo diseñado.
He dado a luz tocho mochos de casi cien páginas (salpicadas de infinitud de imágenes) explicando el envasado de productos inventados por mi mente calenturienta (unas bragas de guarrilla-casta, por poner un ejemplo) y aún no he comenzado el proyecto de fin de carrera. Miedo me doy.
El caso es que no escribo aquí porque escribo allí. Y veo las noticias y voy mirando por la calle y observo a los extraños seres que pueblan mi Escuela y leo y voy al cine (poco, que ni para eso saco tiempo) y mi cabeza no deja de generar temas que escupir en este cacaegoblog para precisamente huir de la creación por obligación.
Tampoco le saco tiempo a este hogar cibernético en el que me siento tan a gusto (ni al resto de hogares que por aquí están), pero tengo unas ganas locas de teclear lo que sea, que algo bueno saldrá algún día, digo yo (y algún día podrán leer, sí, cuando me sienta con ganas de reabrir al público esta cosa que tiene casi once años de vida).
12/1/16
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario