12/5/05

Domingos con gustillo a retransmisión deportiva

Para mi los domingos estarán por siempre asociados a las retrasmisiones deportivas. Desde enanilla el domingo tiene un rumor especial: el sonido lejano de una conexión telefónica emitida por la televisión, normalmente La 2, aunque ahora también en Telecinco (eso sin contar con los que tienen canales exclusivamente deportivos).

El día 10 fue uno de esos que me traen al presente recuerdos del pasado. Primero el Motociclismo, tanto 250 cc com GP (putadón que le hicieron a nuestro querido Gibernau. Como pille el Rossi con algún español, que se ande con cuidado). Después, entremezclado, el partido de baloncesto del Real Madrid y el Caja San Fernando. Y más tarde la Liga Profesional de Fútbol (vale, vale, ya sé que cascó el Barça, y ¿qué?). Todo eran deportes, deportes y más deportes.

De igual manera que los domingos en casa de mis padres: deportes, deportes y deportes. Mi padre aprovechaba el último día de la semana para actualizar lo que no había podido ver de lunes a sábado. El domingo era su día. Era el día del descanso del guerrero. Toda la semana estaba luchando contra la monotonía e insolencia del trabajo junto a mi madre, pero el domingo era su día. Se levantaba, se arreglaba -él siempre fue muy coqueto-, desayunaba fuerte y se sentaba a ver la tele tooooodo el día. Sólo interrumpía su sesión deportiva para comer y para irse a echar la partida (de Mus) siempre que no hubiese un partido de primera imprescindible. Si había un partido, la cosa cambiaba: llamábamos a nuestra vecina y ésta se venía a ver el fútbol con nosotros. Mi madre se echaba una cabezada en el sofá.

En el descanso aprovechábamos para hacer la cena mientras que nuestra vecina se iba a su casa a cenar –supongo- para volver a ver la segunda parte juntos. La segunda parte ya era otra historia. Yo ya estaba cansada de ver tanto deporte y me ponía a jugar con los muñecos que estaban tirados por la sala. El sonido se transformaba en una especie de compañero inútil y persistente que acompañaba mis momentos de acompañada soledad entre muñecas, coches y jugadores de fútbol tirada en la alfombra del salón de estar.

Besos, Calamity.