Este año no va a ser igual. Por lo pronto no voy a ir a Barcelona. Jo. Y lo peor es que tampoco tengo pensado ir a mi pueblo ya que, por primera vez en mi vida, allí no queda nadie. Ni madre ni padre ni perro que me ladre.
El problema no es estar sola, que también, sino estar sola en ese caserón enorme con recuerdos en cada una de sus esquinas, con voces aún suspendidas en el aire rememorando los buenos tiempos, porque, qué quieren que les diga, de aquella casa prefiero quedarme con las buenas sensaciones que con las malas (que haberlas las hubo).
No me gustan las navidades. Cada año menos. Este estoy tan desganada que ni siquiera he diseñado una postal para enviar a diestro y siniestro, ¡qué desmotivación! Tendré que comprar unas de Unicef, ¡qué pereza!
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| Postal no habré dibujado, pero el friki Belén y el Papa Noël ahorcado (aquí somos fans de los Reyes Magos) ya están decorando la minimansión madrileña. |
No sé qué hacer: quedarme en la capi de cena con mis amigos -que tienen sus familias lejos-, irme a mi pueblo, que digo yo alguien aparecerá por allí -aunque el solo hecho de ver a mi momi tan pocha me va a revolver el alma-, ir al pueblo de mi paquete -con su madre empezando a estar pocha y un bebé al que adoro, pero no deja de traerme al presente escenas muy dolorosas de mi pasado-, meterme bajo tierra como las avestruces...
Al más puro estilo Scarlett O'Hara les digo que lo pensaré mañana y, si es interesante, se lo contaré un día de estos.
No se me atraganten con esos dulces llamados polvorones e intenten ser felices.
Cal.


Los amigos, si lo son, nunca fallan.
ResponderEliminarIntenta tú también ser feliz, Caliña.
ResponderEliminarUn beso.
(¡Ay, el palabro de verificación es JUGETE!)
Mira, con los amigos de Madrid justo ahora me voy a celebrar nuestra nochebuena adelantada, Pau. Y con los amigos del pueblo, pues mañana nos iremos de vinillos, precena. No me apetece mucho ir, pero sé que si no comparto aunque sea una tarde con mi madre en la residencia, me acabaré sintiendo mal. Lo demás, bueno, daños colaterales.
ResponderEliminarSíiiiii, claro, Portorosa. ¡Si soy muy positiva! No tengo ganas de irme, pero ya me escribieron ayer mis amigos del puebluco para aligerarme la pesadumbre de tener que estar en esa macro casa sin el ruido de antaño...
El palabro, ¡genial! Ay, sí, sí, sí, a ver si el cagané me trae un Buzz Lightyear... Si soy de fácil conformar. ;-D
Muchos besos a los dos y ¡¡¡felices fiestas!!!
Anda!
ResponderEliminarYo hacía un Belén muy parecido, de niña, también con clics de Famobil. Como no teníamos Niño Jesús, poníamos un pitufo verde que os había tocado en no sé dónde.
Yo hoy ceno en casa de mis padres, los tres solos (a pesar de ser cinco hermanos...). Se ha ido cada uno a casa de su familia política y yo, como no tengo, pues me quedo en la casa materna.
No entiendo cómo sigue gustándome tanto la Navidad...
Un beso, guapa!
Uy, Filla, si mi padre levantara la cabeza y mi madre recuperara la suya, les daba un síncope con el belencito. En casa padres se ponía uno de estos alucinantes con figuras de barro hechas a mano en Murcia (un pastizal, mi padre era un pijuelo), con río y agua, lucecitas, musgo y demás. Ocupábamos casi todo el hall. La fiesta del Belén, vaya (y luego a quitarlo, uf).
ResponderEliminarAnoche cené con mi tía y unos primos. Bien. Si yo de fiesta es raro que lo pase mal (me parecería absurdo). Pero todo se me hace tan raro...
¡Feliz Navidad, Filla y compañía!
Qué poco lúcida estoy hoy para escribir, ay, raro, raro, raro, ¡redundancias venid todas a mí!
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