Gracias a lo que sea, nuestras plegarias han sido escuchadas. No me duelen prendas en admitir que un partido político que normalmente me repugna se ha dado cuenta de que ha hecho una cosa mal (una entre tantas, por algo se empieza) y está tratando de enmendar el error. Bien.
El año pasado una de mis compañeras de clase estaba tan indignada con que ya no se impartiese clase de Filosofía en las escuelas, que decidió enfocar su proyecto de fin de grado (ese con el que yo tendría que estar ahora mismo en vez de escribir posts en un blog que no puede leer nadie porque lo tengo capao, por ahora) en ese sentido. Hizo un trabajazo cojonudo, buenísimo y le pusieron un diez.
Filosofía era de mis asignaturas favoritas en el insti. Curiosamente a mi profe de Filosofía no le gustaba que le hicieran preguntas y más de una vez me echó de clase por incordiar con cuestiones absurdas (¡¿cómo?!). Por suerte semejante mentecato no hizo que odiase la asignatura y puedo decir sin sonrojarme que casi seguro haya leído más Filosofía de todas las épocas que narrativa actual.
Vuelvo a hacerme la pregunta que me hacía en el anterior post. ¿Qué clase de sociedad estamos creando o querían que creáramos? Autómatas sin capacidad de pensamiento crítico, que no se cuestionara nada y dijese amén al poder fáctico de turno, sin protestar un ápice.
No tengo un bola de cristal, pero todo me hace pensar que en el futuro, de hecho en uno no muy lejano, las Humanidades –por supuesto también las Ciencias– tendrán una importancia fundamental en nuestro crecimiento y evolución como especie ¿Acaso lo han dejado de tener en algún momento de la historia? Para lo demás ya existirán máquinas que se encarguen de lo que no necesita más que instinto mecánico y patrones de comportamiento, ¿no creen?
26/5/17
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